La hispania

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Antes de adentrarme de lleno en la materia que debe ser el eje central de este estudio y de todos  mis comentarios a medida que avancen mis trabajos, quiero definir en primer lugar varios conceptos que son importante tener bien definidos, ya que son  necesarios para  centrarnos en la época en la que voy a situarme para comenzar los comentarios de mi trabajo.

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Antes de adentrarme de lleno en la materia que debe ser el eje central de este estudio y de todos  mis comentarios a medida que avancen mis trabajos, quiero definir en primer lugar varios conceptos que son importante tener bien definidos, ya que son  necesarios para  centrarnos en la época en la que voy a situarme para comenzar los comentarios de  mi trabajo. Cuando nos adentramos en esta época hay que tener  muy en cuenta las clases de ciudadanos que existían en aquellas sociedades que casi de pronto, a causa de las nuevas situaciones político militares que comenzaron a desarrollarse con el asentamiento de los nuevos señores Godos y Visigodos, el fin de imperio que durante casi ocho siglos había sido establecido por los romanos y el establecimiento de un nuevo código para el gobierno de los ciudadanos a favor de unos pocos en detrimento de una mayoría a los cuales se les iba a considerar vencidos, siervos y en muchos casos meras propiedades,  como podían ser las tierras las casas o los objetos. De pronto los hispanos tienen que soportar la imposición de una nueva Iglesia y de un nuevo sistema monárquico electivo y de unas nuevas leyes que rompen todas aquellas libertades que en otro tiempo habían ya alcanzado. Era como retroceder  de pronto en el tiempo y una minoría invasora  racial y guerrera dominaba sobre una gran masa a la cual consideraba subyugada, debiendo de someterse voluntaria o involuntariamente bajo la soberanía y el yugo de los vencedores, los cuales se habían asignado por derecho de conquista el título de “Nobles Señores” y con ello, las dos grandes instituciones que regían su estado, tomaron para si todas las propiedades, rústicas, urbanas, mobiliarias, de personas y de animales. Es decir, que las dos grandes instituciones visigóticas, la Iglesia Arriana en aquellos primeros tiempos y la Corona como tal símbolo,  se reparten proporcionalmente todo cuanto existe sobre el territorio de la Hispania, lógicamente apoyándose en  el aquel entonces poderoso estamento militar y en la imposición de los principios espirituales de aquella Iglesia arriana y este reparto de poderes económicos y administrativos, duraría algo más de trescientos años.

          Por el momento, comenzaré sobre algunos conceptos que irán saliendo a lo largo de mis comentarios, pero que hemos de saber que son y por que son desde el comienzo. Tenemos el “Patrocinium” que reguló y cambio el sentido de las relaciones personales y generales de dependencia, por lo tanto, el “Patrono, dueño o administrador” de un lugar o territorio, rustico o urbano, ya fuera propio, lo cual no era frecuente, o por delegación de la Corona o de la Iglesia, cargos que nunca podían recaer o estar en manos de personas que fueran godos o visigodos. Los administradores estaban obligados de defender, proteger o a auxiliar a todos los habitantes  del territorio que se le había encomendado y que por lo tanto se hallaban bajo su potestad, pero siempre a cambio de que estos aceptaran un conjunto de obligaciones y de toda clase de servicios por el hecho de ser “Patrocinados”.

           El Patrocinio, con el paso del tiempo,  favoreció el desarrollo de los grandes latifundios, haciendo desaparece en cierto modo al pequeño campesinado y la formación de pequeñas aldeas o comunidades de personas no dependientes y por lo tanto no patrocinadas, puesto que estas, al carecer de “defensa militar”, social, económica y religiosa se encontraban en muy precaria situación y por lo tanto, las pocas que existieron se vieron abocadas a la desaparición.

            El “Patrocinium”, tuvo al principio orígenes diferentes, pero al final vinieron a hacer coincidir en una sola persona al antiguo “Dominus”, y al nuevo “Patronus”, que entre los visigodos, no era otra cosa que un administrador, delegado o representante del Estado o de la poderosa Iglesia, eso sí con todos los poderes en su mano, pudiendo usar de la fuerza de las armas en caso de necesidad, amparado en la Ley Germánica, que le daba todo el acaparo a sus actuaciones y le convertía como representante de la Corona en dueño de haciendas y de la vida de las gentes, quedando unificada la dependencia de lo económico y de lo material, a la dependencia personal y extraeconómica.

           Podemos entender que el antiguo “Dominus”,podía impedir que sus trabajadores, colonos o dependientes, se encomendaran o dirigieran en petición de ayuda o de protección a otros “Dominus” o Administradores diferentes, con lo cual se convertía en “Patronus”.  Podía ocurrir también que campesinos, trabajadores o siervos de cualquier clase se acogieran o se refugiaran para poder susbsistir bajo la protección de un Señor, entrando o afincándose en sus latifundios o zona de Administración y por lo tanto aceptando todas las condiciones, con  lo cual también se convertía en “Patrocinius”. Tambien solía ocurrir en aquellos primeros tiempos, que pequeños propietarios libres de los últimos tiempos del imperio romano, aceptaran el Patrocinio de un Señor y cuyas tierras, propias o administradas, generalmente pequeñas parcelas, trasferían a la propiedad del Señor a cambio de protección y defensa hacia sus personas  o familias, las cuales se veían muy condicionadas por los factores políticos que se estaban imponiendo desde las altas  esferas del nuevo Estado en aquellos especiales momentos de la historia en donde todo cambiaba.

             En aquellos tiempos, cualquier persona que fuera dependiente y estuviera bajo “Patrocinio” y lo eran todos aquellos que no eran estrictamente Godos o Visigodos, no podían entrar al servicio de la Iglesia, y por lo tanto no podían recibir las órdenes religiosas, salvo, que el Señor  bajo cuyo Patrocinio se encontraban residiendo, les eximiera por escrito de tal obligación o dependencia. En  el canon LXXX del Código de Elvira, ya se prohibía ordenar como “clérigos” a libertos o manumitidos, cuyos Patronos, aquellos que les hubieran podido conceder la libertad o  habarles dado la manumisión, estuvieran vivos, pues el hecho de que conservaran la condición de libertad o manumisión, concedida por el Señor graciosamente durante toda la vida de este, manteniéndose a su servicio, sin querer tomar otro estado, situación u órdenes, venía a ser prueba de su lealtad, de su fidelidad y de su obediencia y sumisión a quien había sido su protector y benefactor, lo cual, mientras el Señor viviera, le servía para muy poco, pues su condición personal y familiar, variaba en muy poca cosa.

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